Escribir a cuatro manos, cuestión de marketing

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Hace unos días un escritor afirmó que no se podía escribir literatura en pareja, que decir que nosotros escribíamos a cuatro manos era una cuestión de marketing.

FirmandoSé que el hecho de que David Zaplana y yo escribamos juntos genera mucha curiosidad (he de decir que nosotros no solo escribimos a cuarto manos sino que, si me permitís la expresión, vivimos a cuatro manos). Esta curiosidad nace de la idea de que la creación literaria es la respuesta a la necesidad intrínseca del escritor de expresar o compartir su mundo interior con el resto de los mortales. Por tanto, no es posible que dos autores habiten el mismo mundo interior, eso sería un trastorno de personalidad o una paranoia compartida. Es decir, con esta premisa, podemos llegar a dos conclusiones: que nuestras obras no son literatura, o que uno escribe y ambos firmamos.

Sin embargo, en otras artes es diferente. Nadie espera que una película sea creada por un único artista (aunque puedan darse casos). Para que una producción cinematográfica llegue a su fin son necesarios muchos artistas trabajando juntos. Y no solo dos, el equipo está formado por uno o varios guionistas, uno o varios directores, uno o varios actores… Es decir, un equipo de artistas que comparten su visión sobre la obra y hacen sus aportaciones a la misma. Todo ello, eso sí, coordinado por el o los directores.

También encontramos colaboraciones en otro tipo de artes. Muchos escultores, pintores, fotógrafos, bailarines, performers… trabajan juntos para dar forma a una obra.

Vuelvo a la literatura. Cada escritor tiene su respuesta sobre por qué escribe. Algunos simplemente escriben para expresarse, los menos. Lo más lo hacemos para poder comunicarnos con los lectores y poder exponer una serie de inquietudes que nos asaltan. Entonces, si un escritor es capaz de compartir esas inquietudes con sus lectores, ¿no puede hacerlo un escritor con otro y llevar a cabo un mismo proyecto?

David Zaplana y yo nos conocimos hace ya muchos años cuando ambos estudiábamos nuestras respectivas carreras en Valencia. David me contó el argumento de una novela que había empezado a escribir y yo comencé a hacerle mis aportaciones. Finalmente escribimos la novela “Cruzados en el tiempo” juntos. Es decir, nuestra forma de trabajo nació de la manera más natural, simplemente porque a David y a mí nos gusta soñar juntos.

Lanzo mi propia reflexión. Cuando un escritor afirma que no es posible hacer literatura al alimón, lo que realmente está planteando es que él no sería capaz y además se sitúa en un plano superior a lo que no comprende. Es decir, no se trata de una cuestión de marketing en la literatura sino de ego literario.